Por Maydelis Gómez Samón
Estudiante de Periodismo
Si José Martí viviese se habría sumado al recorrido, que propuso este segundo jueves de julio el programa Rutas y Andares para Descubrir en familia. El Apóstol nos dijo en La Edad de Oro que la historia del hombre podía ser contada por sus casas, y ese fue el objetivo del gran número de familias que participaron en el Andar la arquitectura colonial habanera de los siglos XVII y XVIII: descubrir nuestras raíces.
La travesía por la historia de la vivienda colonial fue iniciada en la Casa de Antón Recio, Obispo 117-119, quizás la más antigua de la ciudad que aún se conserva. Allí las familias conocieron y pudieron observar las influencias moriscas de las casas habaneras del siglo XVII. El arquitecto Aníbal del Prado, especialista de la Dirección de Proyectos de Arquitectura y Urbanismo de la Oficina del Historiador de la Ciudad, y uno de los cuatro guías que acompañaron al público durante todo el andar, recordó que mucho de los constructores ibéricos que vinieron a Cuba en esa época eran de Andalucía, región del sur de España dominada por los árabes durante mucho tiempo; es por ello que en las construcciones sobresale el estilo hispano-mudéjar.
Los especialistas explicaron las diferentes modificaciones que se le realizaron a este estilo en Cuba, que debido a la influencia española en la generalidad de las casas del siglo XVII las partes habitables estaban ocultas a quienes pasaban por la calle, en busca de privacidad y ante el temor de ser atacados. Sin embargo, poco a poco la vivienda se fue abriendo al exterior, aparecieron los primeros balcones, al principio muy pequeños, pero a medida que pasaron los años se fueron ampliando. Ello se debió fundamentalmente al clima cálido de nuestro país. Una de las participantes en el recorrido comentó, entre risas, que era porque “ya el cubano anhelaba conocer lo que pasaba afuera, tenía deseos de enterarse de todo lo que ocurría en las calles”.
Las diferencias entre un siglo y otro son notables. En el XVII la mayoría de las viviendas solo tenían una planta, los patios eran en forma de L, sin vista al exterior, y la construcción era mucho más sencilla. El siglo XVIII trajo consigo el estilo barroco, caracterizado por una mayor apertura y esplendor arquitectónico. Las fachadas de las casas ahora eran más adornadas, cada familia intentaba dejar su sello distintivo a la entrada del hogar. Las conocidas hoy como casas de México, de la Obra Pía y las edificaciones que se erigen en la Plaza de la Catedral fueron algunas de las construcciones de esta época que el público apreció durante el andar.
El zaguán, los portales, la ampliación de la vivienda a dos plantas, los balcones corridos y el patio en el centro fueron algunas de las características distintivas que la familia pudo distinguir de la arquitectura del XVIII.
“El profe”, como cariñosamente llamaron al arquitecto Aníbal del Prado, respondió todas las interrogantes del público. Nadie podía quedar con dudas, explicar hasta que todos quedaran satisfechos fue una de las premisas de estos expertos. “Las preguntas muestran el interés de la familia cubana por conocer nuestra cultura, nuestra historia, y nos ayudan a mejorar el trabajo que realizamos cada verano”, expresó Del Prado.
Los guías hablaron también del trabajo de restauración del Centro Histórico, cuyo objetivo no es producir cosas que sean históricamente falsas, para no engañar. A veces necesitamos reponer algún elemento arquitectónico que se encuentra en mal estado, pero lo hacemos de forma tal que parezca de la época y los que se encuentran en buenas condiciones se dejan para que puedan ser observados por el público, explicó el arquitecto. “Respetamos el pasado, pero dejamos la huella de nuestro tiempo, para que en el futuro puedan ver de qué forma se restauraron en los siglos XX y XXI”.
Si desea conocer un poco más de la historia del hombre contada por sus casas, la invitación está hecha para el próximo jueves. El día 15 de julio la familia podrá andar una vez más por la arquitectura colonial habanera, pero en esta ocasión desde el período decimonónico hasta el siglo XX. Este Andar contará, además, con servicio de interpretación para personas sordas.