Por Isachi Fernández
El abanico señala el camino de la exposición Aires de gracia, al devenir soporte o temática de dieciséis piezas que se enseñorean con significativas firmas del panorama artístico nacional en el Palacio de Lombillo, institución de la Oficina del Historiador.
Justamente durante los meses más cálidos del verano cubano (julio y agosto) se hallará abierta la muestra a partir del abanico, ahora multiplicado y emitiendo guiños en todas direcciones, con temáticas que se mueven desde el propio objeto cotidiano en su función utilitaria, transitan por la comunicación, la coquetería femenina, la seducción, hasta el paisaje y la imagen de la mujer.
La raíz etimológica del vocablo abanico proviene del término latino vanus relativo a un instrumento para aventar el grano, avivar el fuego, espantar los insectos o proporcionar sensación de frescura mediante movimientos de vaivén. También fue usado como objeto ceremonial y ha sido símbolo de prestigio social.
Algunos de los pintores que intervienen son Eduardo Abela, Vicente Bonachea, Zaida del Río, Alicia de la Campa, José Luis Fariña, Ernesto García Peña, Jorge Martell y Lesbia Vent Dumois. Aunque en la exposición prima la pintura, también se incluye una obra de Ileana Mulet con bordados de antaño en abanicos, que forman parte de una instalación relativa a la inclusión de esa pieza en historias galantes.
En las palabras de apertura, la curadora Daineris Peña, a cargo de la muestra junto a Sadys Sánchez, sostuvo que la iniciativa deviene homenaje al Museo de Arte Colonial en vísperas de sus 41 años, cuyos especialistas investigan y catalogan ahora la colección de abanicos antiguos. Asimismo recordó que pintores como Leopoldo Romañach, Armando Menocal y Esteban Chartrand depositaron parte de su obra en las manos de la mujer cubana.