Por Mabel LLevat Soy
Especialista de la Fototeca de Cuba
En el universo hay una fuerza inconmensurable, indescriptible, que los chamanes llaman “propósito”, y absolutamente todo lo que existe en el cosmos está unido al propósito por un vínculo de conexión, dice Carlos Castaneda, y es interesante cómo esta frase se liga a las imágenes de Néstor Martí, las cuales simbolizan toda esa cadena de eventos que unen cuerpo y mente, o ser humano y universo.
Los hábitos, las reglas de la causa y el efecto, habían sido ya temas a tratar en imágenes presentadas con anterioridad por el autor, así como la voluntad, la fuerza de la intención se unen al mapa físico que le da forma al cuerpo y libera todo su potencial. El tema del control ha sido bastante discutido en el pensamiento contemporáneo: el control de los medios, el control económico, social, político…, pero Néstor maneja también la metáfora sobre el individuo sometido a una especie de autocontrol desde la introspección, la meditación y la paz interior. La constante presencia del cosmos y el caos en nuestra vida diaria había sido tema esencial en aquella ocasión, que nos llevaba a una reflexión sobre las prácticas cotidianas y la manera en que se convertían en reglas a nivel social.
En esta especie de ritual purificador, Néstor vuelve sobre su yo, pero sin regodeo ególatra o vanidoso, sino como un vehículo realizador de la metáfora, y de los motivos internos que le conmueven en la vida práctica. Las transparencias que revelan esos puntos del control remoto, se convierten en las fuentes de energía corporal o chakras, puentes entre el exterior y el interior. Su cuerpo se transforma en un campo energético y realiza la comunión con lo divino de manera tal que se convierte en su propio Dios y como expresara Walt Whitman en su célebre Canto a mi mismo, “Veo a Dios […] en mi cara ante el espejo”.