Por Miguel Gerardo Valdés Pérez, editor revista Universidad de La Habana
En los inicios del siglo XVII quedaba definitivamente consumado el proceso inquisitorial contra una de las figuras más renovadoras del entonces pensamiento filosófico y científico europeo. El 17 de febrero de 1600 Giordano Bruno (Nápoles, 1548) –más allá de los cargos de herético, impenitente y blasfemo, y del monumento que permanentemente perpetua su memoria en el Campo de ’ Fiori, Roma, donde fue quemado vivo– volatilizaba en el fuego de su hoguera y legaba, para futuras generaciones, sus postulados filosóficos, humanísticos y dialécticos.
Razones estas suficientes para que cuatrocientos años después, frente a la bahía de una de las tierras, cuya conquista y colonización censuró descardadamente, sus teorías en torno a la pluralidad de los mundos, del heliocentrismo, la infinitud del espacio y el movimiento de los átomos volvieran a recorrer y a generar expectativas en los espacios académicos y universitarios.
Invitado por el Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana, el Dr. Nuccio Ordine, profesor de la Escuela de Verano de Altos Estudios Tomasso Campanela y del Instituto Italiano de Estudios Filosóficos, ofreció este 5 de marzo la conferencia “Giordano Bruno y la Europa de la tolerancia” en el aula Magna del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. La Dra. Leonor Amaro Cano, quien pronunció las palabras de bienvenida, agradeció la presencia en el Colegio Universitario del profesor, miembro desde 1996 del Centro Internacional de Estudios Brunianos.
La síntesis de la trayectoria académica e investigativa del conferencista fue reseñada por la Dra. Yohanka León del Río, investigadora del instituto de Filosofía. También se encontraban presentes profesores del Colegio Universitario y de otras facultades de la Universidad de La Habana, así como el señor Marco Giomini, consejero de la Embajada de Italia en Cuba.
El doctor Ordine esbozó los objetivos que lo habían motivado a recorrer y disertar sobre siete de las obras brunianas en las que –con carácter enciclopédico– Giordano sustenta la fusión diálogo y comedia como géneros complementarios, desde una visión filosófica aglutinadora, que enarbola la hipótesis existencial de que la comedia está plena de filosofía y la filosofía plena de comedia.
Con evidente enfoque semiótico para la aproximación a lo filosófico, lo literario y lo plástico, el investigador develó pasajes de Candelaio (texto Comedia de 1582) y De gli heroici furore (1585). El primero, exponente de verdadera comedia, donde Bruno anticipó las vertientes esenciales del pensamiento, que posteriormente desarrollaría en otras obras en las que abiertamente despojó a la Tierra de la falsa inmovilidad en que la escolástica quiso circunscribirla.
Desde los actuales enfoques disciplinares comunicológicos puede perfectamente comprenderse las razones por las que el sistema comunicativo sobre el que se sustentó el poder absoluto de la Iglesia Católica durante la Edad Media –y aún después de esta etapa– persiguió, condenó y ejecutó a hombres como Giordano Bruno. Y es que la amenaza no radicaba en la herejía que sus ideas y concepciones propagaban, sino en el riesgo de la pérdida de ese poder cuyas bases gubernamentales descansaban sobre una sólida estructura represiva, manipuladora, persuasiva y propagandística. Tendencias todas que el trasgresor filósofo y humanista italiano rebatió ante el Santo Oficio en franco desafío al dominio del médium cuyos blasones de pensamiento durante siglos se erigieron sobre la máxima incuestionable de Fe sobre Razón.
Tal y como aseguró el doctor Ordine “Bruno escribió sus obras; pero sus obras han escrito su existencia y trayectoria”. Y, sin lugar a duda, pudiera decirse que sobre el principal soporte caligráfico y teórico de que la filosofía debería ser la constante búsqueda de la verdad y la expresión de la propia experiencia vivida, insertas ambas en un cosmos de infinitudes.
En tiempos en que la xenofobia, el fanatismo religioso, las guerras de rapiña, el irrespeto por lo diverso, constituyen azotes para la humanidad, el pensamiento bruniano redimensionó nuevamente su vigencia esta mañana de marzo, en pleno siglo XXI, en la flama alentada por las emotivas palabras del Dr. Nuccio Ordine en el Aula Magna del Colegio San Gerónimo de La Habana: “Hombres y libros podrán ser reducidos a cenizas, pero no podrá nunca impedirse que el pensamiento siga circulando”.