Por Teresa de Jesús Torres Espinosa
“Esta de hoy es una moneda trascendental, porque marca el período 50 de la Revolución. No hubo una sola […] de las revoluciones contemporáneas, y mucho menos de las revoluciones clásicas que viesen vivos a sus padres fundadores cincuenta años después. De esa manera, la pieza lleva los perfiles del diálogo perenne entre dos hermanos y dos líderes revolucionarios: Fidel y Raúl”, señaló el Dr. Eusebio Leal Spengler en el Museo de la Ciudad, antiguo Palacio de los Capitanes Generales, al presentar la serie de monedas conmemorativas Aniversario 50 de la Revolución, acuñadas por la Casa de la Moneda de Cuba en los metales oro, plata, cobre y níquel, acto organizado por esa entidad en estrecha coordinación con el Museo Numismático, perteneciente a la red de instituciones patrimoniales del Centro Histórico de la capital cubana.
El Historiador de la Ciudad de La Habana manifestó su profunda alegría por la preciosa acuñación, y felicitó a quienes la troquelaron, “a los que levantaron la moneda, que es muy distinto a un cuadro y a un libro. Las monedas tienen que decirlo todo con una simbología breve; no son para llenarse por todas partes, al contrario, las monedas tienen – y es su valor artístico– un anverso y un reverso”. Más adelante explicó que quizá “nosotros en la cotidianidad no nos damos cuenta del valor y trascendencia de las cosas, pero todo lo que se acuñó en el período revolucionario hoy tiene un valor incalculable”.
Subrayó que, siguiendo la enseñanza del Dr. Emilio Roy de Leuchsenring –quien ordenó y pidió al Ayuntamiento acuñar medallas conmemorativas por los centenarios de José Martí y de Antonio Maceo–, a partir de 1973 la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana vio la emisión de monedas con un sentido de posteridad, y recordó que en Distintivos del Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) del Comité Central, se acuñó y se diseñó, a partir de un troquel, la medalla por el 26 de julio de 1973, en ocasión de la efeméride del asalto al Cuartel Moncada, de la cual se hizo una serie limitada, bajo el auspicio del ilustrado y culto presidente del Banco Nacional de Cuba, Raúl León Torras. A partir de esa fecha, apuntó, y hasta la actualidad “nosotros hemos acuñado casi todos los años, y no solo para darle vida a la casa acuñadora, sino para darnos vida espiritual y cultural a nosotros; pagamos ese oro privándonos de otras cosas para que el Museo Numismático sea lo que es hoy, y tenga la memoria de ese trabajo que todos ustedes realizan”.
Luego de comentar que “gracias a las monedas hoy conocemos, por ejemplo, los verdaderos rostros de Cleopatra –de la cual hay un dudoso busto– y de Alejandro Magno, porque no está su tumba”, dijo que las primeras habilitadas fueron las de los reyes españoles; citó también otras más actuales, como las elaboradas en medio de la gesta bolivariana hace doscientos años y se refirió a las realizadas con el perfil de Bolívar y de Sucre, junto a otras dedicadas al continente americano. Indicó Leal que en la actualidad en México aparecen las primeras series con las distintas versiones del escudo nacional de ese país, y en Cuba, indicó, “ya sabemos ¡cuán preciosas son a escala mundial!, aquellas que se acuñaron en la República en Armas. Como muestras, los que tenían la idea del valor de las cosas, guardaron algunas de aquellas especies hasta hoy: los bonos que se emitieron con la cierta y segura esperanza de la victoria; los de la República de Cuba en Armas, compromisos comprados por amigos que pagaron desde uno hasta diez mil pesos por un bono, y dejaron fortunas que nunca se recuperaron, pero que hoy numismáticamente tienen un altísimo valor”.
Evocó las primeras acuñaciones cubanas, en 1915 y 1916, y cómo en el siglo XIX Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, firmó los primeros billetes que se le propusieron, hechos en los Estados Unidos, “no para que se cambiaran en el campo de batalla; eran un recordatorio, el nombre de la revolución puesto en un libro, en un cuadro” […] y el momento en que vinieron a decirle al Capitán General al Palacio que los fondos del Banco Español de la Isla de Cuba estaban exhaustos y se debía hacer en el papel moneda una habilitación que dijese por detrás: “es plata”, aunque se sabía perfectamente que era papel y papel depreciado”.
Añadió el Historiador de la Ciudad que desde su creación la Ceca cubana asumió los tres valores –oro, plata y bronce–, y explicó que hay medallas de bronce de más valor que una de oro y viceversa. “Todo depende de cómo circularon –precisó–, si no circularon nunca, si constituyen una leyenda como el peso cubano de 1937. ¡Hay que leer esa historia!, parece un cuento de niño cuando se explica que iban a la fundición y que un saco se rompió y cayeron unas cuantas monedas para consuelo de los que fundamos una sociedad numismática en Cuba, porque el que tenga el peso del 37 cree que es una de aquellas que se saltó del saco”.
La calidad en los diseños y la excelente factura de estas emisiones que, presentadas por el Dr. Eusebio Leal Spengler, fueron acuñadas por la Casa de la Moneda de Cuba, evidencian la relevancia del hecho histórico, político, cultural, económico y social más importante acontecido en la Isla en el siglo XX. Cada pieza resume importantes momentos del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959. Una de ellas exhibe en su anverso los rostros del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro Ruz, y en el reverso los escudos de Cuba.
La segunda emisión muestra en su cara anterior una composición de seis monedas, que alude al tema de la victoria hace cinco décadas, realizadas por la Ceca de La Habana –Entrada de Fidel a La Habana, Fidel en la Montaña, Fidel y Camilo, Fidel y Martí, 40. Aniversario del Triunfo, 50. Aniversario del Triunfo, Fidel y Raúl–, y al dorso presenta también el escudo de Cuba.
Recientemente, con motivo del aniversario 33 del Museo Numismático, la Casa de la Moneda presentó en el Castillo de la Real Fuerza la serie Construcciones Navales en Cuba, conformada por monedas de plata sobre tres de las embarcaciones construidas en los Astilleros de La Habana en el siglo XVIII: San Hermenegildo (1786), San Carlos (1787) y Príncipe de Asturias (1794). En esa instalación además quedaron expuestas monedas del navío Santísima Trinidad, cuya maqueta tendrá en breve su emplazamiento definitivo en una de las salas de esta antigua fortaleza.