Por Teresa de Jesús Torres Espinosa
El hechizo de Frida Kahlo y Diego Rivera convocó a centenares de personas, sobre todo jóvenes, en la Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez, en el Centro Histórico de La Habana, Patrimonio de la Humanidad. Y allí, bajo el influjo de esos dos grandes mitos del arte universal, el Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, evocó las hermosas palabras que Diego dedicara a su esposa: “Fina y delicada como una mariposa, áspera y difícil, llana y noble”, y añadió Leal: “ella es una artista cuyo estro llega hasta nosotros, pasado el tiempo, con toda la fuerza de su dramatismo, de su verdad personal, de su entrega sin compromiso a lo que ella creyó justo y bueno, en arte y en política”.
“Frida forma parte de la imagen de México”, subrayó el destacado intelectual en la apertura del programa de eventos culturales Frida y Diego: Voces de la Tierra, que se desarrollará en Cuba hasta el próximo 24 de noviembre, con motivo del centenario del nacimiento de Frida y el cincuentenario del fallecimiento de Diego, reconocidos pintores mexicanos del siglo XX. Esta jornada inaugural contó con la presencia de los presidentes del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón de Quesada; del Senado mexicano, Manlio Fabio Beltrones; del Excmo. Sr. José Ignacio Piña, embajador de México en Cuba, y de diputados de ese país participantes en la IX Reunión Interparlamentaria México-Cuba, efectuada en La Habana.
Al intervenir en el acto, el Excmo. Sr. José Ignacio Piña, embajador de México en Cuba, preguntó: “¿Quién es Frida?” para seguidamente responder: “Casi una fuerza de la naturaleza, es como presentar a un volcán, o al barro, o al maíz, o al viento o a tantas cosas elementales de México, que se reunían en el cuerpo de esa mujer rota y con alas. ¿Y Diego? El impredecible gigante de oxidiana, que supo traducir con fuerza telúrica la epopeya cotidiana de nuestro pueblo, con una magistral mezcla de arte y humanismo que hace de sus obras parte indisoluble de nuestra identidad nacional”. Y prosiguió: “Cómo hablar del abrazo de lava que unió a estos seres mitad-mito, mitad-lucha diaria; del amor que le brotaba por los poros y se derramaba en cada lienzo, en cada muro, en cada manifiesto, en cada marcha”. Fue entonces cuando expresó que ese enigma lo descubrieron numerosos artistas cubanos que –con generosidad sin límites– hoy exponen “sus Fridas y sus Diegos”. “Hoy son ellos los ecos de esas voces de la tierra que nos invitan a descubrirnos en cada una de sus obras, espejo de nuestro ser interior”, dijo. También reconoció la labor de los magníficos artistas de la plástica, su entusiasmo y derroche de talento, digno testimonio de la profunda amistad y de la vocación de universalidad que une a los pueblos de Cuba y México. Antes de concluir, agradeció a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, a la Casa Benito Juárez, a la Casa de las Américas y al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau por esta iniciativa, junto a la Embajada de México en Cuba, así como a otras instituciones y personalidades de la cultura cubana.
Expuesta en dos salas de la institución patrimonial, Desde la piel de Eva, con los ojos de Adán, podrá visitarse durante los meses de julio y agosto en la Casa del Benemérito de las Américas. La muestra está integrada por pinturas, grabados, fotografías e instalaciones, que reflejan la vida y la obra de la pareja, y la significación de ambos para los latinoamericanos. Reconocidos artistas como Zayda del Río, Cosme Proenza, Vicente R. Bonachea, Eduardo Roca (Choco) y Nelson Domínguez, entre otros creadores cubanos se dan cita para rendir tributo a la memoria de dos grandes artistas de América, unidos en el amor y en el arte.
En esta primera jornada de homenaje se dieron a conocer los resultados del concurso de carteles Frida y Diego: Voces de la Tierra; Lourdes Benigni, directora de Artes Plásticas de la Casa de las Américas, manifestó que después de analizar los 24 carteles presentados, el jurado decidió, por unanimidad, entregar el Premio a la obra del diseñador Jorge Rodríguez, por el valor comunicativo y la síntesis poética de la vida y la obra de los dos grandes artistas mexicanos; también se otorgaron Menciones a los carteles de los autores María Carla del Río Betancourt y Enrique Smith Soto.
Por su parte, el director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Víctor Cassaus, destacó la calidad de las obras presentadas en el concurso de composición musical Una Canción para Frida y Diego, cuyo jurado estuvo presidido por el trovador Silvio Rodríguez. El Premio Único recayó en la obra Retrato con el pelo corto, de Liliana Héctor Balance y Ariel Díaz, “por el tratamiento poético de la personalidad de Frida Kalho, su obra, sus pasiones y sufrimientos, así como de su vehemente relación de amor y arte con Diego Rivera, en un entorno musical que recrea la música mexicana sin calcos folclorizantes”; fueron concedidas dos Menciones Especiales a las obras Frida y Diego, y Frida, de Martha Campos y Ariel Barreiros, respectivamente.
Concursos de cartel y composición musical, exposiciones, talleres creativos para los niños, un mural colectivo, la presentación de una pieza teatral y un evento teórico, se integran también a los homenajes Frida y Diego: Voces de la Tierra, organizados por la Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez de la Oficina del Historiador de la Ciudad, la Embajada de México en Cuba, el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y la Casa de las Américas, con la colaboración del Fondo Cubano de Bienes Culturales y la Academia de Artes Plásticas San Alejandro.
Nacida el seis de julio de 1907 en México, Frida Kahlo constituye uno de los grandes mitos de la pintura; resulta imposible separar su vida y obra, pues son paradigmas ineludibles, cuando se tratan temas como autorretrato e identidad en las artes plásticas del continente americano. Además de ser una autobiografía de su tormentosa existencia, su producción artística está marcada por elementos tradicionales de la historia y la cultura azteca, que definen su posición política nacionalista y la insertan entre lo mejor del arte de su nación. En 1984 el gobierno mexicano declaró su obra Patrimonio Nacional.
“Frida es el único ejemplo en la historia del arte de una artista que abrió su pecho y su corazón para revelar la verdad biológica de sus sentimientos (...) una pintora superior y la mejor prueba de la realidad del renacimiento del arte en México”, diría su esposo Diego Rivera, quien dejó de existir hace cincuenta años, un 24 de noviembre.
Considerado como uno de los mejores pintores mexicanos de todos los tiempos, y padre del muralismo mexicano, Diego rescató el pasado precolombino, y representó en formas clasicista, simplificadas y con vivos colores los momentos más significativos de la historia de la nación mexicana; su aporte al arte moderno de su país fue decisivo por su carácter revolucionario; buscaba llevar el arte al gran público, a la calle y a la arquitectura, con un lenguaje preciso, directo, realista, pleno de contenido social.