
La Casa de África viene desempeñando un papel rector en la adquisición, conservación y exhibición de sus colecciones para así conocer mejor el continente africano, su cultura y también conocernos mejor a nosotros mismos a partir del legado africano. Pensamos que es un espacio importante para divulgar la cultura del pueblo, cuya potencialidad creativa se debe difundir y encausar más eficientemente, pues la función reflexiva de la cultura debe estar acompañada de la alta responsabilidad de crear, promover y difundir.
Nuestra institución desde su inicio constituyó un reto al ser el primer museo en Cuba y en América que se dedicara a exponer y divulgar la cultura de África subsahariana contemporánea y su impronta en nuestras tierras, con otra visión, no como objetos exóticos, proveniente de culturas ajenas y desconocidas, sino de colecciones que provenían de los regalos y las donaciones a nuestro pueblo; no del expolio cultural, con lo cual se perseguía mostrar una concepción diferente sobre África; no como un mundo lejano, ni de cultura exótica, de donde habían sido traídos negros esclavos desprovistos de cultura, todo lo contrario: pueblos con una cultura muy diversa, que llegaba, resistía y se fundía con la existente para contribuir a crear la identidad nacional. La tradición artística africana, milenaria y de una constante evolución, abarca desde la escultura en los más diversos materiales (en forma de figuras y máscaras), la arquitectura –sobre todo doméstica, que refleja tipos de mobiliario con diferentes funciones–, la cerámica, los tejidos, las joyas, los juegos, la decoración corporal que comprende pigmentos, peinados, tocados, tatuajes o incisiones.
Las colecciones que posee el museo juegan un papel importante desde el punto de vista educativo por su enfoque antropológico y por lo que representan. Estas colecciones se dividieron en diferentes manifestaciones para su mejor exposición y comprensión, con el objetivo de que respondan a los intereses de diferentes públicos y programas didácticos. Por esta razón, el museo se convirtió en un centro de referencia obligado para el estudio de África.
Las principales colecciones son: Colección sobre la esclavitud, Colección Fernando Ortiz, Colección de religiones de origen africano, Colección de tallas y marfiles africanos, Colección de máscaras rituales y decorativas africanas, Colección de instrumentos de trabajo y de caza utilizados en África, Colección de tejidos y vestuario, Colección de instrumentos musicales africanos, Colección de utensilios tejidos con fibras vegetal (cestería) y Colección de animales africanos (taxidermia).
En este caso en particular haremos referencia a la basta colección de instrumentos musicales africanos que poseemos por la gran variedad que presenta así como por en los materiales en que están realizados. Se utilizo la técnica de la ORGANOLOGÍA para su clasificación desde el punto de vista musicológico, y esto nos permitió poder conocer mejor como se realiza su fabricación, los materiales en que están compuestos y de esta manera poder explicar mejor al público la función de cada una de ellos.
Para una mejor compresión ilustraremos con ejemplos de nuestra colección lo anteriormente explicado.

Nombre técnico: Idiófono de punteado en forma de tabla.
Nombre popular: su nombre es de piano de mano africano, pero según el país tiene diferentes denominaciones:
Angola: sanza.
Uganda: ikembe.
Sierra Leona: limba.
Zimbabwe: mbira.
Zambia: kalimba.
El piano de mano africano es un instrumento de innegable sonoridad y se utiliza tanto en el zonas rurales como urbanas, está construido a partir de una caja de madera de forma rectangular de 2 a 3 centímetros de ancho y una longitud variable que puede oscilar entre los 15 o 20 centímetros, la que ahuecada en su interior puede estar o no tapada en uno de sus extremos; en la parte superior consta de un orificio sobre el cual si fijan de 6 a 7 lengüetas o flejes de metal de diferentes tamaños, los cuales son manipulados con los dedos pulgares. Es un instrumento musical muy común en toda la zona del África subsahariana y se puede ejecutar solo o como parte de una pequeña orquesta, utilizado en muy variadas ceremonias.

Hace casi 38 años, cuando contaba 16 años de edad, conocí a un hombre blanco de mirada penetrante, que inspiraba respeto, el cual fue presentado a los congoleños como Tatú, que en swuahili corresponde al número 3.
Con anterioridad había escuchado ese nombre cuando Mitudidi Leonard, nuestro Jefe de Estado Mayor, hablaba al comandante de la base de Luluabourg y le recomendaba el cuidado de Tatú, que se encontraba enfermo, y era en realidad Ernesto Che Guevara. Al percatarse Mitudidi Leonard que yo lo había escuchado, me amenazó con fusilarme si revelaba el secreto.
A los tres días de aquella conversación, fui llamado para desempeñarme como profesor y traductor de Tatú, lo cual para mí constituyó una “bomba”, pues tenía una advertencia muy seria respecto a él y sentía profundo temor ante tal personalidad y cualquier indiscreción ajena.
Durante mi primer encuentro experimenté rechazo, porque para nosotros la raza blanca se había convertido en símbolo de penalidades, explotación y servidumbre, debido a la arrogancia mostrada por el dominio belga, que enarboló la superioridad racial del blanco sobre el negro. Resultaba difícil cambiar nuestra apreciación cuando apenas llevábamos tres años y diez meses de independencia, luego de ocho décadas de colonización y ultraje europeos. Sin embargo, las enseñanzas del Che, su ejemplo y entrega me hicieron desterrar toda traza de reserva étnica y nacional.
Aprendí con Ernesto Che Guevara que el egoísmo constituye una cualidad del ser humano en pos de su conservación, pero que, a veces, se sobrepasan los límites y se tiende a monopolizar y esclavizar, incluso, a la propia especie. Para superar ese lastre –argumentaba– era preciso que la vanguardia educara a sus semejantes, nos mirásemos como iguales y fuéramos capaces de luchar contra cuanto perturbara el equilibrio de la humanidad. Entonces, seríamos universales y cumpliríamos deberes y derechos –sin diferencias por el color de la piel, el sexo o la religión– y defenderíamos al hombre en cualquier región del planeta.
El reconocimiento del papel protagónico del hombre y de su poder en la transformación de la nueva sociedad es el legado humanista que nos dejó Tatú. Su vocación por educar por y para la libertad es esencial, y constituye un arma de triunfo. Ese optimismo en la formación del hombre nuevo está basado en la confianza que tenía en el pueblo.

Los cultos y religiones afro caribeñas tienen en su génesis rasgos comunes a todas ,o casi todas. las religiones “tradicionales” o “animistas” profesadas por los pueblos africanos del sur del Sahara. Estas manifestaciones se desarrollaron en África vinculadas básicamente a pueblos eminentemente agrícolas y ganaderos, los cuales al alcanzar un desarrollo social superior, se apartaron de lo individual y adoptaron formas familiares y, a la vez, clánicas.
Las uniones tribales o intertribales y la formación de los estados primarios condicionaron la evolución de las religiones hasta alcanzar un carácter étnico o nacional, que divinizaba a héroes, lideres, jefes y reyes. Se les rendía culto a los espíritus de los antepasados, considerados seres desencarnados, capaces de proteger a un individuo en particular, a la familia y hasta al grupo étnico.
En África las manifestaciones religiosas presentan similitudes en cuanto a los objetivos generales que el hombre persigue lograr en en la vida: salud, longevidad, bienestar material y, en la mayoría, alcanzar la vía idónea hacia la vida extraterrenal; todo ello establece una diferencia sustancial con otras religiones politeístas que existen en el mundo.
Las creencias del sur del Sahara poseen una semejanza virtual desde el punto de vista cosmogónico, pero también diferencias sustanciales en las formas de concebir el mundo.
En las religiones de origen dahomeyanas (vodú, araras de los ewe-fon) el ser supremo se manifiesta en los cuatro elementos vitales para el hombre, aire, agua, tierra y fuego, que dan origen a la vida en la tierra, a los que se les atribuye, características de dioses.
Mawu es considerado el ser supremo de la creación por los ewe-fon, el cual se manifiesta a través de los elementos vitales, aunque dentro de las creencias dahomeyanas se afirma que antes de los orígenes del mundo existía una pareja reconocida como Mawu-Lisa, de cuya unión surgieron los danagosis, quienes dieron origen a los demás fodus o deidades dahomeyanas. En esta pareja, Mawu (la Luna) es considerada mujer y Lisa (el Sol), hombre. En la mitología de los ewe-fon también se habla de la aparición de una fuerza llamada Da, en el mismo momento histórico con respecto a Mawu. Esta fuerza se manifiesta de distintas formas, la principal es la de un reptil nombrado Da Ayidó Hwedó. Es precisamente la fuerza de Da la que ayudó a la pareja Mawu-Lisa a crear el mundo.
Según las concepciones dahomeyanas los fodus son los que gobiernan el mundo, Tanto ellos como los vodus provienen principalmente de los ewe-fon y de los yorubas, dado el fenómeno de sincretización histórica de estos pueblos, que carecían de fronteras geográficas.
Los principios cosmogónicos que rigen la cultura religiosa del área bantú consideran que, paralelamente al surgimiento de los espíritus de la naturaleza y ánimas de los antepasados, existían –al igual que en los yorubas– dioses con poderes sobrenaturales superiores al clan, los cuales estaban vinculados a este por lazos de consanguinidad y con una larga genealogía; por encima de ellos estaban las grandes deidades o seres supremos, identificados con el Sol y con elementos como la tierra, el agua, el mar, el rayo, la centella..., de acuerdo con la importancia que hubieran tenido para el desarrollo de ese grupo étnico.
Muchos de estos pueblos explican su origen por la intervención de un dios que los creó con madera o arcilla, y en otras historias fue quien envió a los hombres desde el cielo o desde el interior de la tierra. Los bantúes del noroeste del continente africano dan nombres a dioses muy parecidos a los de otros pueblos vecinos,como son Nyambi, Yambe, Szambe, Sambia, Zambe, y en otros muchos casos, según la lengua que hablen, son denominados como 'El que crea' o 'El que lo hace todo'
En la parte norte del Congo bantú el dios supremo es llamado Kalunga y en la parte oriental de África son varias las palabras con que se le identifica: Mulungu, Lesanga, Kumbe, entre otros. En tanto el ser celestial para el pueblo zulú es Unkulukulu a quien se le atribuye la creación del hombre y todo lo existente en la Tierra,y es considerado una personalidad o antepasado histórico.
En el oriente bantú el dios del cielo es conocido en las diferentes regiones como Yao, Chiwago y Makua. Sin embargo, hace relativamente poco tiempo el nombre de Mulungu –considerado un ancestro histórico– ha sustituido los anteriores. En general no creen en seres mitológicas por encima del dios supremo, y en segundo plano de importancia se encuentran los antepasados elevados al rango de deidad.
La cultura yoruba asentada en la zona geográfica que abarca Dahomey, Togo, Ghana y Nigeria practica la religión de los orishas. Desde el punto de vista cosmogónico sustentan sus creencias bajo el criterio de que antes de la creación, todo lo que es hoy la tierra estaba cubierto de agua. Para crear el mundo Oloddumare u Olorun, el ser supremo de los yorubas, envió a 16 emisarios al territorio que hoy ocupa la tierra, el cual se encontraba anegado en agua, a esos emisarios le entregó cinco trozos de hierro, tierra envuelta en un paño blanco y un gallo. Los mensajeros de Oloddumare llegaron al lugar conocido por Oke Orange, en el actual Ilé Ifé, y colocaron los trozos de hierro, sobre la tela blanca y la taparon con tierra, el gallo cantó y con sus patas regó la tierra hacia los cuatro puntos cardinales. Inmediatamente en los lugares donde esta cayó se formaron los continentes y las islas, mientras que la creación del hombre se encomendó a uno de los 16 emisarios llamado Obatalá Alamó Rere u Orisa Nla.
Existen otros mitos parecidos relacionados con la creación del mundo y del hombre.
Como señalamos anteriormente la mitología no solo juega un papel importante en las religiones “tradicionales” de África Subsahariana, sino también nos sirve de vehículo para interpretarlas, junto a los datos que aportan la incorporación de personajes históricos y el cúmulo de deidades, los cuales nos ayudan a conocer la milenaria historia de estos pueblos.
Los fodus, vodus, mpungos, nkisis y orishas no solo responden a aspectos meramente mitológicos, pues en el transcurso de sus vidas reales fueron reyes, héroes, líderes tribales, sacerdotes y ancestros prominentes.Tal es el caso de Unkulukulu como habíamos señalado, otro personaje histórico convertido en dios bantú del oriente africano es Mulungu, antepasado muy venerado en esos pueblos. Los yorubas tienen personalidades históricas convertidas en deidades, que hoy son orishas muy venerados,entre ellos están Odduduwa, Changó, Elegbá, Ochosi, Obbatalá, Olokun Sinaide, Oranmiyan y Oba.
Los dahomeyanos, conocidos en Cuba como araras, reconocen entre sus fodus como ancestros históricos a Obaluayé y Tokunó (el Obalufón yoruba).
Desde épocas inmemoriales alrededor de esos dioses se crearon mitos y leyendas, los cuales fueron preservados gracias a la tradición oral de sus pueblos y trasmitidos a diferentes áreas geográficas. Aún continúan surgiendo historias, mitos y leyendas que enriquecen esta cultura, y nos permiten adentrarnos en su mágico mundo en el que se constata la infinitud maravillosa del universo religioso del África Subsahariana, el elevado nivel de comunicación con nuestras raíces y la importancia de la oralidad como vehículo difusor de los valores culturales de nuestros ancestros africanos, arraigados en los pueblos de América y el Caribe.

Actividades del mes de mayo
Cheketé, espacio artístico cultural dedicado a mostrar la influencia de la cultura africana en las manifestaciones artísticas cubanas, específicamente en música, danza, teatro y artes plásticas, para lo cual cuenta con agrupaciones artísticas y con especialistas que exponen sus conocimientos teóricos sobre estos temas culturales.
Viernes 6
Invitado: Grupo Síntesis.
Hora: 5:00 p.m.
Lugar: Patio de la Casa

Sábado 14
Invitados: Grupo folclórico Obiní Batá y el de modelaje del Cabildo Quisicuaba con una pasarela de trajes de las deidades del panteón Yoruba
Hora: 3:00 p.m.
Lugar: Patio de la Casa
Aula Taller José Luciano Franco
Viernes 13
Basados en la obra de Fernando Ortiz continúan los encuentros “Cubanidad y cubanía: ciencia, conciencia y paciencia”, a cargo del Dr. José Antonio Matos Arévalo
En esta ocasión abordará Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940), “Los factores humanos de la cubanidad” (1940), “Cubanidad y cubanía” (1964)
Hora: 2:00 p.m.
Lugar: Salón de conferencias
Ese mismo día, en coordinación con la Casa de la Poesía, con motivo de las festividades por el año de los afrodescendientes, se presentará el libro Amores y cosas sin importancia, de la haitiana Michele Voltaire Marcelin, por la Dra. Mirta Magalys Fernández
Actuará el grupo portador de la cultura haitiana Cuatro Vientos
Hora: 3:30 p.m.
Espacio Teatro Griot, dedicado al Día de África
Viernes 20
El grupo de teatro Espacio Abierto, que dirige Xiomara Calderón, escenificará la obra Cuando oigas mi voz te oirás y se presentará el libro El templo de mis espíritus, de Alice Walker por la escritora y ensayista cubana Marilyn Bobes
Hora: 3:00 p.m.
Lugar: Patio de la Casa

Peña con Amor, dedicada al adulto mayor
Jueves 26
Invitado: Cantautor Raúl Iglesias
Hora: 10:00 a.m.
Lugar: Patio de la Casa

La esquina del BLUES
Viernes 27
Con la agrupación Sociedad Havana Blues
Hora: 4:30 p.m.
Lugar: Patio
Festividades por el día de África
Lunes 30
En el año internacional de los afrodescendientes y por el día de África la Cátedra Amilcar Cabral de la Universidad de La Habana, la Casa de los Árabes, y de África de la Oficina del Historiador, realizarán el encuentro académico Miradas socioculturales a África en el siglo XXI.
Hora: 9:30 a.m. -1:00 p.m.
Lugar: Salón de conferencia
Como parte de la Jornada académica, se presentarán:
Antología de cuentos africanos, por el Agregado Cultural Antonio Gonçalves y Renacer de mi cuerpo por Rodolfo Alpizar
Martes 31
Gala artística por el Día de África
Actuación de la Compañía Folclórica J.J.
Director artístico: Johannes García
Hora: 2:00 p.m.
Lugar: Patio
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