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Planetario del Centro Histórico

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La pintura y el rigor de lo conflictual. A propósito del Encuentro sobre la pintura cubana y sus principales derroteros

Por Yudinela Ortega
7 de Julio de 2014

A propósito del Encuentro sobre la pintura cubana y sus principales derroterosAmpliar imagenp>El encuentro contó con una amplia convocatoria

La sala de conferencias de la Casa museo Víctor Hugo se convirtió en escenario de uno de los encuentros más asiduos que convidan al intercambio y a la fluidez del pensar sobre temas asociados al universo de la contemporaneidad artística.

Con la asesoría de las especialistas de Factoría Habana se dieron cita esta vez artistas, curadores, críticos y  público en general, para dialogar en torno a la pintura y su trascendencia dentro de la praxis actual y fueron convocados todos por la investigadora y crítica de arte Magaly Espinosa. El tema a tratar fue el abordaje del fenómeno pintura desde nociones ligadas al desenvolvimiento macro y micro actuante de este tipo de arte.

Dispuestos a reinventar un tema,  deudor de constantes debates generacionales, como ha resultado ser el estado de la pintura cubana, Yornel Martínez, Alejandro Campins, Niels Reyes, José Ángel Toirac y el curador y crítico de arte Gerardo Mosquera, desde sus posturas actuantes, otorgaron nuevos enfoques a una práctica canalizada por derroteros ulteriores a la tan aludida postmodernidad.

El “regreso” de la pintura al vórtice de la atención, como refiriera Rufo Caballero en su libro Agua bendita, resulta ser una aserción que se adecua a las nociones que impone el hecho fáctico de construir sobre el lienzo en los tiempos que corren. La cuestión radica en que no podemos seguir esperando de la pintura el resultado que nos devolvió en décadas preteridas; hoy la realidad se impone y los rumbos de la pintura cubana se ven influidos por la circulación de un tipo de material informativo que se recicla, que vuelve una y otra vez a disgregarse, a interactuar, solo habiendo sufrido el cambio lógico de las circunstancias.

Interactividad, flujo informacional, e inmediatez de las comunicaciones en una sociedad como la nuestra, son acciones que devienen conceptos abstractos  en territorios donde la desconexión es un mal común.

Las intervenciones también estuvieron dirigidas hacia el papel que ha desempeñado la crítica en los debates y reformulaciones sobre la pintura y fueron expresados en ese sentido algunos de los desaciertos en su abordaje como “arte”.

Asimismo se conversó sobre las influencias extranjerizantes que le atañen hoy al género, pues en más de una ocasión se le ha cuestionado el desbordar los predios de la nacionalidad y sucumbir, en buena medida, ante los aforismos externos. Así fueron saliendo a la luz los cuestionamientos que se han producido sobre la denominada Nueva Pintura y cómo esta se ha posicionado dentro del universo pictórico nacional, apostando por una visualidad, que según  desentona con la lógica relacional propia de la manifestación, vaticina una metodología otra para transgredir los axiomas.

La mutación sígnica experimentada por la pintura y las problemáticas generadas por los cambios y prestaciones que asumen los  nuevos códigos pictóricos,son algunas de las preocupaciones que se seguirán debatiendo por mucho tiempo. El peso de nuestras tradiciones y la valía de la forma como catalizador de estas prácticas se convierten, entonces, en las ventajas que la contemporaneidad ha otorgado a la pintura cubana. No todo está dicho, el rigor de lo conflictual se ha sucedido hasta nuestros días, pero eso no ha impedido que cada quien asuma su postura, que se siga pintando y, más aún… que la alborada de los ochenta, la fractura de los noventa y el posicionamiento de los años dos mil, se conjuguen para seguir replantando el valor de la pintura que nacional, en los tiempos que están por venir.