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Planetario del Centro Histórico

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De la farmacia La Reunión al Museo de la Farmacia Habanera

Por Lisset González Navarro
29 de Mayo de 2014

Museo de la Farmacia Habanera Ampliar imagen
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La Farmacia Habanera

Como parte de la avalancha migratoria ocurrida en España durante la segunda mitad del siglo XIX, llegaron a La Habana jóvenes descendientes de la familia constituida por José Catalá y Casellas, boticario de profesión y Eulalia Vergés.

Antecedentes   

Como parte de la avalancha migratoria ocurrida en España durante la segunda mitad del siglo XIX, llegaron a La Habana jóvenes descendientes de la familia constituida por José Catalá y Casellas, boticario de profesión y Eulalia Vergés.

La boda ocurrió en 1782, en Malgrat del Mar, puerto marítimo perteneciente a la comunidad autónoma de Cataluña, cuya capital es Barcelona. En 1853, tres miembros de esa familia, Valentín Catalá y Pradell1,  José Sarrá y Catalá2,  José Sarrá y Valldejulí3(1) junto  con otro boticario, Antonio González López; crearon la sociedad Catalá, Sarrá y compañía.

Estos jóvenes fundaron, en el inmueble doméstico número 22 (correspondiente al 261 actual) de la calle Teniente Rey, un establecimiento farmacéutico que nombraron La Reunión, donde por primera vez se comenzaron a vender  medicamentos alopáticos y homeopáticos en un mismo lugar, hecho que alude a su nombre.

La propiedad de la edificación la adquirieron definitivamente el 23 de diciembre de 1864, de manos del dueño de los últimos doce años, Don Francisco Armenteros y Calvo; se trataba de una construcción de tipología doméstica, que aparece descrita en el expediente como “…casa baja de rafas, tapias y tejas…”.A partir de 1865,obtuvieron otros inmuebles domésticos a continuación del descrito, por la calle Teniente Rey hacia la calle Compostela, que pertenecían a la Orden de las Carmelitas Descalzas, residentes en el convento de Santa Teresa de Jesús.

En este año de 1865, Valentín Catalá vende a sus parientes y socios su parte del negocio y regresa a Barcelona. Se crea entonces la sociedad Sarrá y Compañía, la cual continúa con la adquisición de inmuebles, domésticos todos. En 1868 Antonio González López también vende su parte y quedan como únicos socios Sarrá Catalá y Sarrá Valldejulí.

José Sarrá Catalá falleció en Barcelona en 1877, de un ataque cardiaco a la edad de 56 años y José Sarrá Valdejulí se quedó como único dueño del negocio. Poco a poco lo transformó en un bello establecimiento con estanterías y mostradores lujosos de maderas preciosas, con vidrieras y cristales decorativos, siguiendo la moda francesa llegada a La Habana en el último cuarto del siglo XIX. En esta remodelación fusionó las casas adquiridas hasta la esquina de Compostela y creó un espacio único de mayor amplitud.

La farmacia comenzó a lucir vistosos salones de estilo neogótico y neoclásico. Por la calle Compostela se accedía a una sofisticada oficina, conocida como escritorio, con una amplia escalera por la que se accedía a un segundo nivel agregado a la farmacia, el cual estaba decorado con columnas rematadas con esculturas, todo de mármol.

Durante los tres últimos decenios del siglo, La Reunión se convirtió en un establecimiento farmacéutico de mucha reputación y el más grande de la colonia cubana. Su dueño también creció en prestigio social. José Sarrá Valdejulí fue vocal de la sección tercera de la Junta Superior de Instrucción Pública de Cuba, cooperó con la fundación del Colegio Farmacéutico (4) y fue su  presidente en 1882, por iniciativa de los propios directores.

Quizás nada demuestre mejor lo anterior como el hecho de que el rey de España, Alfonso XII concedió:

 “…al Dr. José Sarrá el título honorífico de “Farmacéutico y Droguero de la Real Casa”, así como  la facultad de utilizar el Escudo de Armas Reales en las muestras, facturas y etiquetas de la Droguería Sarrá”.

El 15 de octubre de 1898 muere repentinamente José Sarrá Valldejulí en uno de sus viajes a Cataluña y la propiedad pasa a manos de su viuda, Celia Hernández  Buchó. Tras este acontecimiento la sociedad pasó a denominarse Viuda de Sarrá e hijos. El varón primogénito, Ernesto, recién se había recibido de Doctor en Farmacia en la Universidad de La Habana el 2 de diciembre de  1897, por lo cual estaba preparado para continuar la tradición familiar.

Ernesto se casó en 1906 con Dolores Larrea y en la primera década del siglo XX, realizó profundas transformaciones y remodelaciones en la farmacia y hacia el interior de la manzana delimitada por las calles Teniente Rey, Compostela, Muralla y Habana. El proceso de adquisición de más de veinte propiedades en la misma, concluyó con la fusión de estas mediante estructuras de hormigón armado y el 20 de mayo de 1914, el negocio abrió sus puertas convertido en una gran industria que abarcaba veintitrés edificios.

En este proceso de unificación de construcciones y crecimiento de la industria se privatizó el pozo de aguas puras que está al centro de la manzana. Este pozo que producía abundante agua de la mejor calidad, debe haber sido la razón por la cual estos catalanes eligieron este lugar para instalar y hacer crecer su negocio farmacéutico.

Ernesto Sarrá Hernández imprimió su sello al exitoso negocio familiar al  invertir en divulgación de todo tipo acerca de las bondades de la farmacia La Reunión. Las propagandas solían ser de grandes dimensiones, sobre todo el formato de las letras del nombre dentro del cartel de promoción. Lo cierto es que era el establecimiento preferido de la aristocracia habanera. La notoriedad de Ernesto Sarrá hizo que la farmacia comenzara a conocerse mayormente por el apellido de su dueño, tradición que ha llegado hasta nuestros días.

Las remodelaciones en esta época, a nivel de manzana y en función de la pujante industria, incluyen la construcción del edificio de siete pisos para almacenes, por la calle Compostela a continuación del escritorio y una tercera planta añadida a la farmacia. Como parte de este proceso, erige también el inmueble de tres pisos de fachada art decó que se encuentra en la esquina de Teniente Rey y Habana, destinado a la producción de medicamentos.

Sarrá jugaba un importante papel tanto en la importación de medicamentos al país, como en el comercio al por mayor en la Isla, siendo su precio el decisivo en el comercio del ramo. Era uno de los miembros de lo que la prensa llamó en los años treinta El Trust del dolor, aunque  no debemos dejar de mencionar que en el negocio también había ofertas para las familias de menos recursos.

El 28 de abril de 1941, a la edad de 64 años, Sarrá hizo donación perpetua inter vivos y por terceras e iguales partes, a sus hijas Ernestina, Hilda y Ofelia, según refiere Anicia en Cronología y Legado. Hemos podido conocer por fuentes orales que el negocio era regentado por Thorwald Sánchez, hijo de Ernestina.

El período revolucionario

Después del año 1959, con el triunfo de la Revolución, La Reunión es expropiada por la Ley 890 sobre la Nacionalización de las Farmacias, publicada en la  Gaceta Oficial de la República de Cuba, el 15 de octubre de 1960. En esta Ley se regulaban los precios de los medicamentos y se establecían las normas para su producción y  comercio.

Luego de la fecha anterior los habitantes de la zona y los paseantes siguieron viendo una farmacia en la esquina de Teniente Rey y Compostela, pero en lugar de La Reunión se trataba de  la Farmacia Municipal de la Habana Vieja. En los salones colindantes se estableció la Empresa de Suministros de Medicamentos, ENSUFARMA4 (7) y el resto del espacio de la manzana que perteneciera a Sarrá, fue entonces la Industria Saúl Delgado, del Ministerio de Salud Pública (MINSAP5), dedicada a la producción de preparaciones líquidas6.

El Museo de la Farmacia Habanera

Después de cinco años de arduas labores de restauración se inaugura la antigua Farmacia-Droguería, rehabilitada (8) el 30 de julio de 2004 como Museo de la Farmacia Habanera (MFH en lo adelante) luciendo en sus amplios salones las antiguas estanterías de maderas preciosas, los lujosos mostradores, las vidrieras7 y las luminarias que fueron encargadas a Italia, copia de las originales.

Se proyectó una ambientación que tuvo la intención de corresponderse con la apariencia de los finales del siglo XIX y comienzos del siguiente, para lo que se tomaron, como referencia, imágenes gráficas de la prensa de la primera década del siglo XX.

Los cambios realizados en el inmueble se limitaron a reabrir por circulación higiénica y ventilación necesaria, los patinejos que los Sarrá habían cerrado en el crecimiento por la manzana. Un lucernario con el domo invertido, al centro del salón museo, es lo que sella la comunicación con la planta superior, espacio ajeno, de momento, a la nueva institución. Toda la vitralería fue elaborada por la artista contemporánea Rosa María de la Terga, en estos resaltan los colores: verde, rojo y naranja, ya que según sus propias palabras son los que se avienen al clima y la luz en estas edificaciones coloniales. Las luces acentúan la belleza y el lujoso contexto del lugar.

El MFH es un museo de ciencias de la Oficina del Historiador de la Ciudad, diseñado para la visita libre. Posee en el salón central una serie de paneles con textos que le permiten al visitante conocer quiénes somos, de dónde proceden nuestras colecciones, cómo se desarrolló el proceso de restauración8;  asimismo, se puede leer una breve reseña de la historia de la farmacia en Cuba y una cronología del antiguo establecimiento farmacéutico.

Estos espacios construidos y adaptados por la familia Sarrá para ser un comercio farmacéutico nunca han abandonado su propósito. Lo cual consideramos hoy una de sus mayores fortalezas. En la antigua Farmacia Profesional se venden medicinas de origen natural y productos alternativos, mientras que en el antiguo salón Droguería, se expenden especias y plantas medicinales secas que con su aroma contribuyen positivamente a la ambientación del establecimiento.

En el recorrido por el museo, se pueden apreciar alternativamente piezas de alto valor de colección y otras de procedencia arqueológica, alternando en el salón Farmacia Profesional con los productos en venta. Las reproducciones de frascos de cerámica rinden homenaje a los antiguos establecimientos farmacéuticos de La Habana. Los paneles impresos con propagandas de la época le muestran a las nuevas generaciones cómo se conducían estos negocios, a la vez que aportan elementos para análisis sociales e históricos.

Desde el propio período de restauración de la farmacia, la Oficina, en la persona del Historiador de la Ciudad, comenzó a recibir donaciones destinadas a ella, que comenzaron a engrosar una colección propia que ya supera el medio millar de piezas.

Insertado en la oferta cultural del Centro Histórico, el MFH gestiona un Proyecto Cultural que abarca todos los grupos etarios de la sociedad, con actividades basadas fundamentalmente en conversatorios y conferencias científicas relacionadas con la salud, el uso de los medicamentos y la calidad de vida, así como de temas históricos y de museología.

Conserva, documenta y estudia una colección de más de 4000 ejemplares y su gestión también se comenta en algunos de esos conversatorios, sobre todo los relacionados con las exposiciones transitorias, a través de las cuales los visitantes conocen lo que determina el valor patrimonial en piezas del mundo farmacéutico.
 
Citas y notas:

1Nació en Malgrat del Mar, el 7 de febrero de 1801, es la tercera generación (nieto de José Catalá  y Casellas y Eulalia Vergés) hijo de Bruno Catalá (boticario) y Narcisa Pradell. Graduado de Farmacia en 1828.
 
2Nació en Malgrat del Mar, en 1821, hijo de Pau Sarrá Torró y Teresa Catalá Pradell o sea sobrino de José Catalá y Pradell. Farmacéutico graduado en Barcelona.
 
3Nació en Malgrat del Mar, el 23 de diciembre de 1839, hijo de Ramón Sarrá Catalá y Teresa Valldejulí, por tanto sobrino de José Sarrá Catalá. Se graduó de Farmacia en la Universidad de Barcelona el 22 de mayo de 1857.

4Dato de 1999, momento de la intervención por parte de la OHC, con el objetivo de restaurar la manzana 148.
 
 5Comunicación personal, Juan Carlos López, donante de piezas del Museo, trabajador de Habaguanex, Museo Farmacia Habanera, empleado del Saúl Delgado desde 1984.
 
 6Esta ley 890/1960 dividió las industrias por formas farmacéuticas.
 
 7Original una, reproducidas las otras, por el artista de la plástica Eduardo Agramonte.
 
 8Este panel referido a la restauración en español y en inglés.

(1) Existen imprecisiones en lo publicado hasta hoy, con la fecha de graduación y llegada definitiva a La Habana de José Sarrá Valldejulí. En este trabajo se asume como válida la publicada por Nurís Arís i Serra en A complete Genealogy Report For Josep Catalá, p. 7.Nigel bufton under license to My Heritage Family Tree Builder, june 2009. Publicada en Malgrat del Mar, Barcelona, España.

(2) Archivo Nacional de Cuba, Fondo Antigua Anotaduría de Hipotecas Legajo-2,  F 394v en Rodríguez González, Anicia. Estudio Histórico de la Farmacia La Reunión. Inédito. Gabinete de Arqueología. OHC.

(3) “Cronología y Legado”, Rodríguez González, Anicia. En: Opus Habana, OHCH, ISSN 1025-30849, Vol. IX, no. 1, 2005: 13.

(4) Primera Asociación Farmacéutica de Cuba: Colegio de Farmacéuticos de La Habana, creado el 30 de abril de 1880. En: Asociaciones y Publicaciones. Historia de la Farmacia en Cuba, Colectivo de autores, Museos de Farmacia de la Oficina del Historiador de la Ciudad, 2008, inédito.

(5) C. Alonso / F. Gómez  / R. Quiza  en “Embajada de España en La Habana Antiguo Palacio de Velasco”, p. 129.

(6) Alejandra Pino Díaz y Jorge Cárdenas Irulegui. Caracterización de la manzana. Un Nuevo Centro para el Centro Histórico, La Habana, 2000.

(7) No se ha comprobado a partir de qué fecha estuvo en la manzana la empresa ISUFARMA, se toma por válida el dato dado en Un nuevo Centro para el Centro Histórico. Ob. Cit.

(8) Concepto de Rehabilitación: Se llama rehabilitación cuando le devolvemos al inmueble la función primigenia para la cual fue construido. José Luis Javier Pérez Martín. Evolución Teórica de la Restauración, San Gerónimo de La Habana, 2012.